Rajoy, presidente

POR Alejandro Pérez-Benn

Como si de un tren desbocado se tratara, corriendo a toda prisa sin posibilidad alguna de frenado en seco, los plazos para entregar trabajos, presentaciones y ensayos ya se deslumbran en el horizonte. Son tiempos convulsos y angustiosos, especialmente si se juntan cuatro asignaturas en la última semana y usted, estimado lector, está sumido en la falsa creencia de que como queda un mes aún hay tiempo. A usted le gusta ser perseverante, aprovechar todas las horas a su disposición, ¿para qué entregar esas tres mil palabras una semana antes cuando puede perfectamente presentarlas a las 14:59, un minuto antes de la hora establecida? En fin, le gusta agotar los plazos; es una persona paciente. Tiene, pues, mucho más en común con el recién reinvestido Presidente del Gobierno de lo que pensaba. 

  Caricatura del recién investido presidente del Gobierno de España, Mariano Rajoy.  jOSÉ TORRES VILLA

Caricatura del recién investido presidente del Gobierno de España, Mariano Rajoy. jOSÉ TORRES VILLA

Apenas 48 horas antes del plazo establecido por la Constitución, la tarde del 29 de octubre, la Cámara Baja del Congreso de los Diputados otorgó su confianza al candidato don Mariano Rajoy. Tras diez meses de bloqueo político, España vuelve a tener un gobierno en plenas funciones, y no meramente en funciones. Lejos queda aquel 26 de octubre de 2015, fecha en la que se disolvieron las Cortes y las ya míticas elecciones del 20D fueron convocadas. No han sido pocos los acontecimientos que se han sucedido durante estas 45 semanas de bloqueo político, incluso hemos tenido que volver a las urnas. 

El terremoto, sin embargo, que agitó hasta desbloquear la situación política tuvo lugar el 28 de septiembre en la calle Ferráz de Madrid. 17 miembros de la Ejecutiva del Partido Socialista dimitieron en bloque, con el objetivo de tumbar a su Secretario General, don Pedro Sánchez y permitir la investidura de Rajoy mediante la abstención. El sector crítico del PSOE fue encabezado por Susana Díaz, la Presidenta de la Junta de Andalucía, y Felipe González, expresidente del Gobierno; imagínense House of Cards con acento andaluz.

Se estarán preguntando el por qué de este mini coup d’état socialista. En revelaciones posteriores, se descubrió que el golpe trató de dinamitar los planes de Pedro Sánchez de pactar con Unidos Podemos, Esquerra Republicana de Cataluña, Convergencia Democrática de Cataluña y el Partido Nacionalista Vasco. El llamado ‘gobierno Frankenstein’ hubiera sumado 180 diputados, 10 más de los necesarios para obtener la mayoría simple. Con la aritmética resuelta solo quedaba puntualizar y finalizar los acuerdos. Pero no pudo ser. Pedro Sánchez dimitió y finalmente renunció a su acta de diputado. Una gestora liderada por el Presidente del Principado de Asturias, Javier Fernández, tomó el control del PSOE. Los amigos resultan ser los peores enemigos. El Presidente Underwood estaría orgulloso. 


Mientras tanto el Partido Popular lograba un acuerdo con Ciudadanos aunque finalmente estos últimos rechazaron entrar en un gobierno de coalición. Con la abstención de todos los diputados socialistas menos 15 -del núcleo duro del ex Secretario General-  que rompieron la disciplina de voto, el paciente y tranquilo Rajoy salió investido nuevamente. Por delante le queda una senda turbia y oscura. Hace falta aprobar de forma inmediata los Presupuestos Generales para el 2017, además de retomar los proyectos comunitarios paralizados. La Comisión Europea mira a España de cerca, ya no hay excusas que valgan. 


En fin, estimado lector, puede ser que la paciencia y la perseverancia le funcionen, mas hace falta tener un plan fijado para que el estrés y el agobio del último día no ocurra de nuevo. Rajoy tiene un as en la manga: nuevas elecciones. Con un PSOE fracturado y Unidos Podemos no tan unido ¿quién puede decir que el PP no alcanzaría una mayoría absoluta?