La permanencia del Reino Unido en la UE: todo un rompecabezas

  • En 1975 se celebró un referéndum con resultado favorable a la permanencia 

Escrito por el Dr. Giulio Pagani, especialista en análisis del discurso y política europea en la Universidad de East Anglia. 

Esta información ha sido traducida por Lucía Fernández y Pablo Picó.

Existe un rompecabezas difícil de resolver que se presenta así: muchos británicos quieren que el Reino Unido salga de la Unión Europea porque están cansados de verse dominados por los “europeos”, mientras que muchos “europeos” (quizás en secreto) quieren lo mismo, ya que están hartos de sentirse dominados por los británicos. Por esto, ninguna de las partes está contenta con el nuevo acuerdo  presentado por el primer ministro británico David Cameron con relación al Reino Unido y la UE, que parece haber ofendido más que nunca a todo el mundo. Resolver tal rompecabezas precisa de un amplio conocimiento de la historia, de las condiciones y acontecimientos actuales y de su correspondiente importancia “real”. Me temo que ese conocimiento brilla por su ausencia en Gran Bretaña y, probablemente, también en algunas partes de Europa.

Los británicos tienden a olvidar  que el “coqueteo” de su país con Europa no tiene nada de nuevo. Ya en los años 60, cuando mostraban más deseos de pertenecer a la familia europea, el presidente francés Charles de Gaulle votó en contra de su adhesión a la CEE (el embrión de lo que hoy es la UE), ya que creía que no era un socio conveniente y que podría perjudicar al resto de miembros. Hoy, 40 años después de su entrada, podríamos decir que, efectivamente, De Gaulle tenía razón, y así lo han demostrado los acontecimientos ocurridos durante estos  años. Ese episodio de la historia parece demostrar que los británicos fueron una vez conscientes de que habían dejado de ser  una superpotencia  independiente, pero ya no lo recuerdan. De igual forma, los demás europeos se dieron cuenta en aquel momento de los problemas que podría generar ese complejo de superioridad del que hacían gala los británicos, pero posteriormente no le dieron la suficiente importancia.  Pues bien, ese complejo de superioridad ha vuelto con más fuerza. Muchos en Gran Bretaña creen a pies juntillas que “pertenecemos” a una élite superior a la de nuestros vecinos continentales; por eso, tras un periodo desafortunado y aberrante de unión (1973-2016?), ha llegado la hora de romper las ataduras.

Los argumentos de si Gran Bretaña será más o menos fuerte abandonando la UE o permaneciendo en ella son mucho más complejos y multifacéticos de lo que nos sugieren los debates actuales.  Es posible que las razones más contundentes, tanto a favor como en contra de su salida, no sean siempre las más obvias.  No cabe duda de que se le darán muchas vueltas al asunto, pero debemos tener en cuenta que, para tomar una decisión de tal magnitud, es crucial que el electorado no acabe aturdido por los debates de los próximos meses. Es sumamente importante que se le de a la gente una visión clara de los tema en cuestión, basada en el conocimiento de la situación.  Solo de esta forma podremos estar seguros de que el resultado será aceptable, independientemente del que salga.


EL ORIGEN DEL PROBLEMA

Una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial, Francia y Alemania lideraron el      proyecto primitivo de la Unión Europeo, proyecto en el que no participó Reino Unido. Para ello, alegó varias razones: 

  • Su economía no había sufrido tanto como la de otros países ya que no fue invadido por el enemigo
  • La idea de un mercado común le resultaba menos atractiva que la Commonwealth (mancomunidad) y el grupo de colonias que habían mantenido al imperio durante un siglo
  • El asilamiento de Europa era, además, un anhelo nacional. 

Reino Unido siempre había caminado al margen del continente. Tras las guerras napoleónicas optó por la construcción de un imperio. El frágil equilibrio a principios del siglo XX hizo que volviera a inmiscuirse en asuntos continentales pero con cierto anhelo por aquel estatus.