Relatos Salvajes: la furia del día a día

Por Samuel García (periodista especializado en cine y colaborador de UEA)

Hace ya unos meses comenté en mi crítica de 7 días en La Habana que el principal problemas de las películas compuestas por episodios es la inconsistencia de estas mismas, con clara diferencia de interés en sus diferentes fragmentos, dejando al final una cierta sensación de irregularidad. Pues bien, Relatos Salvajes es una de los pocos ejemplos que le hacen a uno mismo desdecirse y alabar lo conseguido por el director argentino Damian Szifron.

Seis historias, todas ellas dirigidas por el mismo director y escritas a cuatro manos entre éste y el guionista Octavio Marinelli. El leit motiv de todas ellas es la furia, la violencia contenida en la vida cotidiana y esas pequeñas cosas que se agolpan hasta hacernos perder nuestros cabales. Por supuesto, hay historias que pueden entusiasmar más que otras, pero también es cierto que en términos generales raya a una altura encomiable.

Empezando por la primera historia en la que varios pasajeros de un avión se encuentran y descubren que todos tienen algo en común (por cierto, aprovecho para comentar los problemas de exhibición de éste film tras el accidente de aviación de Germanwings que tuvo lugar el pasado año) con un crescendo dentro de la cabina que suma humor y tensión a partes iguales hasta llegar a un sorprendente final.

El estreno de Relatos Salvajes se enfrentó a problemas porque coincidió con el trágico accidente de aviación de Germanwings en el que murieron 150 personas.

La tónica se repite con la segunda historia, narrando las dudas de una joven que tiene delante a la persona que arruinó su vida y no se siente capaz de llevar a cabo su venganza. En este segundo, quizá uno de los segmentos con los que más empatizamos con su protagonista, Szifron consigue transmitirnos la angustia ante la duda, ante el no tener valor de consumar algo que llevábamos tiempo queriendo hacer.

Todos nos cabreamos más de lo normal al volante. Conducir suele sacar lo peor del ser humano y el cine siempre ha sabido sacar partido de ello. En esta ocasión viviremos la experiencia a través del personaje de Leonardo Sbaraglia, un ejecutivo que no pasa por su mejor momento y que explotará cuando se cruce en su camino otro conductor sin escrúpulos. Ésta es quizá la historia más irregular de todas, con una anécdota alargada demasiado en el tiempo, pero su cómico giro final la redime de esos minutos que podrían haberse quedado en la sala de montaje.

Ricardo Darín es ya un habitual en esas sesiones de cine de la Universidad de East Anglia. Su personaje es el del típico ciudadano frustrado con el sistema. Una persona normal enfrentada a una situación cotidiana que le sobrepasa. La impotencia de ver cómo la diabólica burocracia le hace pagar multas sin sentido le hará tomar medidas drásticas.

Ricardo Darín, que se ha convertido en un habitual de las películas de UEA, intepreta el papel de una persona normal que lucha contra la burocracia diaria de su país.

La corrupción que inunda la sociedad actual y que se ceba particularmente con los cuerpos policiales es el tema principal de este penúltimo tramo. Un homicidio imprudente provocado por el hijo de una adinerada familia y cómo su padre hará todo lo posible para que salga indemne. Una situación extraña que se torna en una amarga comedia hasta un impactante y duro desenlace.

Para terminar, la tensión de pareja, los celos, los secretos escondidos que salen a la luz en el peor momento. Damián Szifron pone el escenario perfecto para el apocalipsis en la relación, una boda. La novia comenzará a sospechar de infidelidades pasadas de su reciente marido para confirmarlas y explotar en una espiral de venganza en mitad de la celebración. Un segmento ideal para acabar por todo lo alto, aunque quizá algo incómodo para ver en pareja si la situación no pasa por el mejor momento.

Enfadarse y reírse de nuestros enfados. Reírse a carcajadas para luego interrumpirlas con golpes de realidad como ocurre en la vida misma. Szifron ha buscado con esta película lanzarnos a la cara seis porciones de paradojas humanas y consigue que todos y cada uno de nosotros salgamos con una amarga sonrisa al identificarnos con esos personajes tan extremos, pero tan reales.