Lord Byron: vínculo de dos culturas


POR Gabriel García
 

Lord Byron, uno de los poetas más representativos y emblemáticos del movimiento romántico, trazó a través de algunas de sus obras las primeras líneas de la relación cultural que Inglaterra y España acabarían manteniendo. Es posible que esta influencia fuera más allá de Espronceda, y que llegara de alguna u otra forma, cómo parte de un Efecto Mariposa, a contribuir a que hoy en día podamos degustar en nuestro Tesco más cercano una deliciosa paella con chorizo congelada. Por desgracia para el lector, en este artículo no nos detendremos a explorar este tema, ni la incógnita que supone la paella con chorizo cómo plato en sí.

Tomando la aventura por bandera y apadrinando todo aquello que fuera exótico, Byron pasó gran parte de su vida viajando por Europa y narrando a través de sus poemas y su escasa prosa las tradiciones y leyendas de los pueblos que visitaba, alimentando así la que se convertiría en su propia leyenda. Al terminar sus estudios universitarios, decidió realizar en 1809 un viaje iniciático para celebrar la nueva etapa de su vida, cómo solía ser costumbre en aquella época para los hijos de las familias adineradas. Pero Byron, siguiendo su espíritu romántico y rebelde, eligió una ruta diametralmente opuesta a la habitual. Siguió la ruta del Mediterráneo comenzando por Portugal, evitando así el norte de Europa, para acabar en el que sería el país que le vería morir años después, Grecia. Y fue en este, uno de los primeros de los muchos viajes que realizaría, cuando escribió el poema que nos atañe hoy: The Girl of Cadiz.

Oh never talk again to me Of northern climes and British ladies; It has not been your lot to see, Like me, the lovely girl of Cadiz Although her eye be not of blue, Nor fair her locks, like English lasses, How far its own expressive hue The languid azure eye surpasses! […] Our English maids are long to woo, And frigid even in possession; And if their charms be fair to view, Their lips are slow at Loves confession: But, born beneath a brighter sun, For love ordain’d the Spanish maid is, And who,—when fondly, fairly won,— Enchants you like the Girl of Cadiz? 

The Spanish maid is no coquette, Nor joys to see a lover tremble, And if she love, or if she hate, Alike she knows not to dissemble. Her heart can ne’er be bought or sold— Howe’er it beats, it beats sincerely; And, though it will not bend to gold, Twill love you long and love you dearly The Spanish girl that meets your love

Ne’er taunts you with a mock denial, For every thought is bent to prove Her passion in the hour of trial. When thronging foemen menace Spain, She dares the deed and shares the danger; And should her lover press the plain, She hurls the spear, her love’s avenger.

Lord Byron llegó, tras una temporada habiendo recorrido el territorio portugués, a tierras andaluzas en el verano de 1809, comenzando su estancia por la ciudad de Sevilla. Quedó enamorado inmediatamente de esta ciudad, cómo se puede dilucidar a partir de las cartas dirigidas a su madre, algunas de ellas recogidas en Cartas y poesías Mediterráneas. En una de estas cartas podemos ver cómo quedó aún más prendado de la joven anfitriona que lo alojó en su casa. Por lo que el poeta cuenta, la joven no consiguió que Byron se alojara de igual manera en sus aposentos, y nunca correría la suerte de ser objeto de ninguna de sus poesías. Esto se atribuye al supuesto descaro con el que la anfitriona, llamada Josefa Beltrán y casada con un miembro del ejército español en el momento de los hechos, trató de embaucar al en aquel momento joven escritor.

Tras dejar la ciudad, Byron continuó recorriendo Andalucía y llegó a la ciudad de Cádiz. Según las palabras del escritor, esta le pareció la ciudad “más bella de Europa”, de entre todas cuantas visitó. Fue aquí donde conoció a la mujer objeto del poema, durante una noche en la ópera. A través de la descripción de esta gaditana, Byron plasmó el carácter fuerte, tanto en lo estético cómo en lo psicológico, de las mujeres españolas de la época, quien sabe si influido también por su encuentro con Josefa Beltrán (La estrofa encabezada por el verso The Spanish maid is no coquette podría tratarse de una alusión directa si dejáramos volar un poco la imaginación).

Pero Byron fue un paso más allá, y no sólo presentó a la mujer-tipo española como insuperable, si no que incluyó, desde el primer verso y con un especial énfasis, a sus compatriotas cómo claras perdedoras de la competición. Así que quién sabe si las guerras que mantuvieron durante los años venideros los por aquel entonces imperios Español y Británico, alejadas de cualquier causa política, estuvieron motivadas por el agravio comparativo producido por los versos de Byron. En cualquier caso, es importante, querido lector, que la próxima vez que te encuentres descongelando tu suculenta paella con chorizo en tu casa de la campiña inglesa, o consultando tu cuenta de “gemail” con tu “esmarfon” para organizar un partido de “fútbol” sentado en un banco cerca de la costa gaditana, no encuentres como deleznable la irónico en los actos de la cultura opuesta. En vez de eso, trata de visualizar, cómo lo hizo Byron en su momento, lo mejor de ambos mundos, y cómo ambas partes podemos beneficiarnos de todo ello.