Manos que hablan, un viaje por la historia de la lengua de signos británicos

POR Georgia Saddington / James Chambers
REVISADO POR Salomé García

¿Qué tienen en común un monje español, Alexander Graham Bell y los alemanes? No solo son todos humanos sino que también forman parte de la historia de la Lengua de Signos Británica (BSL). 

Nuestra historia comienza con los aborígenes de Australia, los bosquimanos de Kalahari y los indianos de Norte América. Estas civilizaciones usaban los signos para comunicarse al llevar a cabo tareas de supervivencia como la caza así como para contar cuentos. Aristóteles y Sócrates compartían la opinión de que los sordos eran ininteligibles. Esta opinión refleja las creencias de la sociedad durante siglos.  

Sin embargo, los monjes benedictinos ayudaron a desarrollar esta forma de lenguaje. Hacían voto de silencio, por lo que intentaban comunicarse con signos en lugar de la lengua oral. Un monje especial, Pedro Ponce de León (1520-1584) desarrolló un alfabeto manual cuando enseñaba a los hijos de la nobleza española. Ponce de León promovió la lengua de signos a través de la creación de la dactilología. La dactilología se utilizaba cuando resultaba imposible expresar un sustantivo o un nombre con un signo. De igual manera, con la lengua de signos todavía en sus inicios, Juan Pablo Bonet publicó el primer libro sobre la educación de los sordos en 1620. Esta versión del lenguaje de signos ha influido en la lengua de signos española, americana y francesa.
 

A lo largo de la historia moderna hubo una lucha constante entre el método alemán de “oralismo” y  el método desarrollado por los sordos de “los signos manuales”. El método del oralismo consiste en la comunicación verbal, la lectura de los labios y la imitación de las vibraciones de la garganta. No es sorprendente que los educadores, quienes no eran sordos, apoyaran esta forma de educación porque no requería mucho esfuerzo. Sin embargo, los sordos preferían `los signos manuales´ en términos de educación. Esta forma de educación está formada por los signos, la dactilología y la lectura de labios. Desafortunadamente los educadores no tomaron los deseos de los sordos en consideración porque ridiculizaron este método. 

  Imagen que muestra las peculiaridades del lenguaje británico de signos  (BSL). EN MURCIA / FLICKR

Imagen que muestra las peculiaridades del lenguaje británico de signos (BSL). EN MURCIA / FLICKR

Eppe, un defensor francés de los signos manuales y Heinicke, un defensor alemán del oralismo personifican la tensión entre los dos métodos. Eppe abrió un refugio para los sordos con su propio dinero y enseñó la lengua de signos con gran éxito. Por otra parte, Heinicke fundó una escuela para sordos en 1755 donde se prohibió el uso de signos. En una conferencia se decidió reforzar el uso de oralismo por todo Europa. 

Tuvo lugar en la misma época en la que se materializaron muchas curas para la sordera que resultaban nocivas para la salud. En esta época, se creía que existía cierta relación entre la sordera y las enfermedades mentales. Por esta razón,  los psiquiátricos, donde se usaba el método de la terapia de choque, fueron una solución para impedirlo. La hemorragia cerebral suponía una amenaza para los sordos, especialmente cuando se les sometía al tratamiento de perforación del tímpano. Los tratamientos mejoraron durante las décadas siguientes con la creación de la audiología. Puede que la invención de los audífonos pareciera ser la solución a muchos de estos problemas pero en realidad no pueden ayudar a la mayoría de quienes nacieron con esta discapacidad. Esto significa que las personas que pueden oír pensaron que la sordera  era curable, por lo que recibió menos atención. 

  Imagen que muestra las peculiaridades del lenguaje británico de signos (BSL).  EN MURCIA / FLICKR

Imagen que muestra las peculiaridades del lenguaje británico de signos (BSL). EN MURCIA / FLICKR

Sin  embargo,  durante la década de los 70 hubo una oleada de interés por mejorar el estado de la lengua de los signos. La primera auditoría de una escuela para sordos en 1979 descubrió que los niños salían de la escuela con una edad media de lectura de 8,75 años. Su habla era apenas inteligible y su capacidad para leer los labios no era mejor que la de un niño que podía oír. Esta preocupante estadística provocó un deseo de mejorar las vidas de los sordos y enfatizar la importancia de la comunicación manual. La doctora Mary Brennan, con determinación y resistencia, luchó por el reconocimiento legal de la lengua de signos como una lengua definida. 
Sin embargo, nuestra historia aún no ha terminado. Es una historia en la que podemos continuar para mejorar las vidas de los sordos. ¿Habéis considerado aprender BSL? ¿Sabéis que existen las clases de BSL en la Universidad de East Anglia? Tenemos muchas oportunidades de aprender lenguas europeas en la escuela pero existe una falta de motivación para aprender BSL, una lengua de igual importancia. Con optimismo, un día la BSL tendrá tanta presencia en el plan de estudios nacional como las ciencias, humanidades y artes.