El inmovilismo político evita cambios necesarios en el Valle de los Caídos

  • EN 2011, El entonces gobierno socialista determinó modificaciones  que no se ejecutaron con la llegada del PP al poder

Aunque estoy bastante acostumbrada a las numerosas contradicciones españolas, es decir, a que los ciudadanos de este país me respondan con: “España es así”, siempre me ha parecido increíble que este Estado, progresista en algunos aspectos, haya conseguido superar tan rápidamente el lastre de una dictadura fascista, gracias al papel del rey Juan Carlos y los artífices de la Transición. Sin embargo esta imagen mental parece diluirse ante ciertos aspectos. Durante las vacaciones navideñas tuve la oportunidad de ver una serie de documentales en BBC 4, ‘Blood and Gold: The Making of Spain’, con Simon Sebag Montefiore (un hombre tedioso, por otro lado) pero cuyos programas examinan en tres episodios unos 2,000 años de la historia española, de la conquista hasta el presente. Es una serie que recomiendo para cualquier persona que tenga cierto interés en la historia de España, especialmente para aquel compañero de universidad que durante el último año académico, me preguntó que quién era exactamente Franco... 

En fin… vayamos al grano. La cosa es que durante el tercer episodio (Beauty and Death) el tal Simon visitó un lugar de San Lorenzo de El Escorial que lleva por nombre el Valle de los Caídos, un monumento enorme, erigido, según Franco, para honrar a los héroes fallecidos de ambos lados del conflicto que murieron durante la Guerra Civil. Apuesto que no se hacen una idea de la monstruosidad de dicha construcción, obra que tardó dieciocho años en ser levantada gracias, en parte, a las manos y al sudor de prisioneros políticos republicanos. Hoy en día, el Valle es conocido por albergar la tumba del dictador que lo comisionó, Francisco Franco. José Antonio Primo de Rivera (fundador del partido Falange Española) también está descansa en este mausoleo.

 Cruz del Valle de los Caídos. / EMILIO GARCÍA 

Cruz del Valle de los Caídos. / EMILIO GARCÍA 

Estos datos nos llevan a deducir que El Valle puede ser considerado como un homenaje a la dictadura que destrozó España. Pero este país ha progresado mucho desde 1975, siendo el tercer país del mundo que legalizó el matrimonio homosexual, un concepto muy lejos del régimen que torturó, encarceló y mató a cualquier persona considerada cercana a  los movimientos políticos de izquierdas.  Así que, ¿cómo es posible que un lugar como el Valle siga existiendo todavía? 

No soy la primera persona que ha cuestionado la moralidad del monumento conmemorativo. En 2011, bajo el mandato socialista de Zapatero, una comisión, cuyo principal objetivo era decidir el futuro del Valle de los Caídos, concluyó que los restos de Franco debían ser trasladados a una tumba privada familiar,mientras que los restos de Primo de Rivera debían ser reubicados dentro del monumento pero a un lugar similar al resto de las tumbas de las víctimas del conflicto bélico, que todos los nombre de las victimas debían ser mostrados y advertía de la necesidad de un centro interpretativo para explicar la existencia en nuestros días de El valle de los caídos. 

Meses después, el partido popular, encabezado por Mariano Rajoy,  ganó las elecciones españoles. Desde ese día, el PP ha dejado muy claro que no tiene la más mínima intención de cambiar algo de El Valle (aparte de la subida del precio de entrada, claro).

 A pesar de los actos valientes de Manuela Carmena por erradicar monumentos franquistas en la capital y cambiar los nombres de al menos 30 calles que hacen referencia a la dictadura, parece que la polémica que rodea El Valle de los Caídos no va a desaparecer. Tampoco ofrezco una solución. Reconozco que las víctimas de la guerra civil merecen un memorial pero creo que el origen y los motivos de la persona que lo imaginó en primer lugar deben ser criticados y reconocidos y por eso algo necesita cambiar en El Valle de los Caídos. 


Las tres CLAVES

1. El monumento tiene la cruz más grande del mundo cristiano, con 150 metros de altura y 260 metros de longitud. 

2. 250.000 visitantes al año que reportan unos ingresos anuales  al Estado de 2 millones de euros. 

3. 33.872 combatientes de la Guerra Civil entre nacionales y republicanos sin separación por bandos.


Hannah Murphy Lonergan

Nacida en Liverpool, Hannah acaba de terminar su grado en lenguas modernas (Español) en UEA. Durante su año en el extranjero vivió en Granada, una experiencia que le ha permitido perfeccionar su español y conocer la cultura hispana. Actualmente estudia un máster en Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Newcastle. Este es el segundo año que participa en La Taberna UEA.